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Artículos de Opinión
Fecha 30 de Enero de 2010 | Autor: JMRuiz.
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    Entrevista al pintor pontanes Gregorio Vallejo Gomariz, afincado en Amsterdam desde el año 1997. Con estilo impresionista domina varias tecnicas de pintura, incluso las combina en algunos trabajos.
Para más información visite:http://www.gregoriovallejo.com/

Entrevista al reconocido artista Gregorio Vallejo.
    Gregorio Vallejo Gomariz, es un artista natural de Puente-Genil y afincado en Amsterdam (Holanda) desde 1997, organiza exposiciones y expone habitualmente en Funenpark 199, de dicha localidad.

Le fascina nuestros campos y riberas, con los que se ha inspirado en numerosos cuadros, reflejando en ellos la festiva luz de Puente-Genil.

Hola amigo Gregorio, en primer lugar agradecerte el tiempo que te has tomado para realizar esta entrevista, y al igual que no te olvidas de tu pueblo, nosotros tampoco queremos olvidarte.

- Cuéntanos cómo se desarrollaron tus orígenes en Puente-Genil.

Nací el 12 de octubre de 1969 en una clínica privada de Córdoba y me considero natural de Puente-Genil, como bien decías, ya que mis padres vivían aquí cuando yo nací y porque los primeros 13 años de mi vida transcurrieron en nuestro pueblo. Mis padres, Antonio y Gloria, vinieron a vivir a Puente-Genil por motivos laborales, mi padre fue destinado aquí como Fiscal en el Juzgado, ejerciendo posteriormente también su función en otros pueblos del entorno simultáneamente. Vivimos en la calle Susana Benitez, en la Matallana, justo enfrente del Colegio Compañía de María, en el cual realicé mis estudios de enseñanza primaria.
Tuve una infancia muy feliz en Puente-Genil, supongo porque entonces teníamos los niños mucha libertad y pasábamos más tiempo en la calle que en la casa, de ahí que tenga recuerdos fantásticos de muchos rincones de Puente-Genil. Aún así era un niño tranquilo, que pasaba de jugar a la pelota, y que prefería observar y jugar con los barrizales del colegio de "las monjas", los cuales eran para mí como ríos y montañas. Era ya creativo y emprendedor en mi infancia, me gustaba organizar sesiones de cine y de teatro para mis amigos e iba a menudo a las carpinterías del pueblo en busca de tacos de madera, con los que construía robots articulados que yo mismo inventaba. Tenía muchos amigos y mi casa estaba siempre abierta para todo el mundo, gracias a la hospitalidad de mis padres.
Estos primeros 13 años de mi vida fueron sin duda claves para mi desarrollo posterior. También por motivos laborales de mi padre nos fuimos a vivir a Córdoba; en el momento de mi partida, contemplando la bella vista desde la estación de ferrocarril, ya intuía que un cambio fuerte en mi vida se avecinaba.

- A raíz de tu partida, ¿cómo ha transcurrido tu vida?, ¿echaste de menos tu tierra?

Los primeros años en Córdoba resultaron muy difíciles para mí, ya que supusieron el cambio de la infancia a la adolescencia y de un entorno a otro. El carácter algo más reservado de los cordobeses contrastaba con el carácter abierto y alegre de los pontaneses y el colegio, donde uno se sentía arropado, contrastaba con el instituto Séneca de Córdoba, que en aquel entonces era conocido a nivel nacional por su alto nivel de exigencia.
Aunque en ese momento eché mucho de menos Puente-Genil, sabía que la mejor forma de adaptarse al cambio era vivir con toda intensidad en el momento presente, por lo que me volqué plenamente en mis estudios.
La adolescencia supuso en mí cierto aislamiento, aunque esto contribuyó positivamente por un lado en mi carácter reflexivo y, por otro, a que tuviera más tiempo para desarrollar mis facetas creativas.
Después de licenciarme en empresariales decidí que era hora de hacer lo que a mí me gustaba realmente: pintar; comenzó, pues, el segundo gran cambio en mi vida. Tras un año en Madrid, donde aprendí del pintor Ginés Liébana, abrí por primera vez al público mi estudio en la calle Morería de Córdoba y realicé mi primera exposición individual en la sala Góngora Arte. Aunque más de un amigo entonces me tomó por loco, ya que no comprendían cómo después de haber estudiado algo completamente distinto me atrevía a afrontar un mundo totalmente diferente y lleno de dificultades, como es el mundo del arte, lo cierto es que me sentí muy apoyado por los cordobeses, en este cambio tan fundamental en mi vida y la exposición resultó un éxito.
En 1.997 también decidí que necesitaba dar un paso más; quería vivir otra cultura, para de esta forma enriquecerme profesional y personalmente. Por ello trasladé mi estudio a Amsterdam, Países Bajos; este fue mi tercer gran cambio. Desde entonces, hace ya más de 12 años, vivo en esta ciudad, que me sigue fascinando como el primer día.
Fue el Instituto Cervantes quien me introdujo en el mundo artístico en Holanda, ofreciendo mi primera exposición individual en este país. Dos años más tarde concluí mis estudios de arte en la Academia Wackers de Amsterdam. Desde entonces presento muestras de mis obras frecuentemente, principalmente en esta ciudad, pero también en España.

- ¿Cuáles son tus principales recuerdos de la infancia?

Tengo muchos recuerdos de mi infancia y, en verdad, no sabría distinguir entre principales y secundarios. Los primeros datan de cuando estaba en la clase de párvulos y son más bien sensaciones que recuerdos, como el paso por el túnel del colegio que comunicaba con la huerta. También son primeros recuerdos de mi existencia, mis enfados a la salida de la piscina municipal en Los Pinos. Me acuerdo de los primeros dibujos que hice, precisamente de esta piscina con bañistas, y que al Juez Don Lorenzo Carmona le gustaba coleccionar. Otro dibujo que hice a los cinco años, y que aún conservo yo mismo, fue publicado por el periódico del colegio y en él se representaba a Cristobal Colón pisando por primera vez una América en la que ya había flores plantadas en macetas.
También quedaron grabadas las siestas eternas de verano, en las que hacía submarinos con botes amarillos de Cola-Cao.
Otros recuerdos se refieren especialmente a la Semana Santa, una de las estampas más bellas que recuerdo del pueblo, con sus figuras bíblicas, el colorido y la marcha singular de sus "Romanos"; son estas imágenes las que han contribuido más, sin duda, en mi carrera artística. Eran únicas las bolas de cera que los niños hacíamos con los cirios de los nazarenos. El domingo de Resurrección se convertía mi casa, en plena Matallana, un lugar privelegiado para contemplar la procesión. El Juez del pueblo, a quien ya introduje anteriormente, acudía todos los años junto con su hermana y su mujer Jesusita y nos explicaba las historias de cada figura bíblica; posteriormente yo se las contaba a mis amigos, seguramente algo ya tergiversadas.

- ¿De qué forma se presentó tu pasión por el arte y llegó a ser tu profesión?

Aunque ya de pequeño era creativo y me gustaba dibujar, la pasión surgió en realidad a los once años, cuando en un atardecer en el que iba de viaje en coche, y contemplando las nubes, supe de pronto con toda seguridad qué colores podía mezclar para obtener precisamente los colores que estaba observando. A los pocos días fui a la droguería del Romeral y me compré un caballete y pinturas. Cuando mi madre lo vió puso el grito en el cielo, porque a sus ojos me había convertido en un peligro que amenazaba el orden y la limpieza de la casa. Le duró poco el enfado y pronto comenzó a apoyarme, a medida que se iba entuasiasmando con los resultados.
Fue también decisivo el tener en mi entorno amigos creativos y artistas cercanos a la familia, como Mari Pepa la de Ronda, que me enseñaba en su casa las obras al óleo que realizaba y que me alentaba a seguir pintando.

- ¿Qué meritos has ido acuñando a lo largo de tu vida profesional?

Espero que el mejor mérito haya sido exportar artísticamente los olivos a los Países Bajos. También el de interpretar el paisaje de olivos como una suerte de líneas y puntos; algunos de ellos reflejan mi admiración por los dibujos de Rembrandt, mientras que otros, más espontáneos, surgen del azar y son seguramente los más misteriosos.

La Academia Wackers de Amsterdam me eligió como uno de sus representantes más destacados en su 25 aniversario, exponiendo entonces por ese motivo en galerías de gran nivel. También fui seleccionado en dos ocasiones para participar en la feria de arte "Realismo" de Holanda. Fue además un honor exponer en el Teatro Cómico Principal de Córdoba, exposición que organizó la Junta de Andalucía a través de su Delegación de Cultura.

- ¿Echas de menos a tu familia? ¿Cómo te apoya en tu vida laboral?

Los echo de menos, por supuesto, aunque afortunadamente una de mis hermanas vive también en Holanda. Visito a mi famila en Córdoba y Carmona siempre que puedo y mantenemos una relación estupenda. Mi familia me apoyó en todo momento en mi arte, si bien siempre me insitieron en que eran importantes también los estudios. Al finalizar éstos fue cuando, como ya indiqué, tomé la decisión de dedicarme a la pintura; en ese momento comprendieron mi posición y me apoyaron completamente. Siempre que hablo con ellos por teléfono, me preguntan: "¿qué estás pintando ahora?".

- ¿Hablas de Puente-Genil con la gente de tu entorno, promocionando nuestra tierra?

Puente-Genil siempre estuvo presente en mis recuerdos, y por ello, sí que he promocionado esta tierra siempre que así surgió.
Uno de mis temas preferidos en la pintura es el bodegón de membrillos, que pinto no en la manera clásica sino o bien en el árbol o bien en la tierra. Justamente el pasado mes de octubre vendí en una exposición dos cuadros sobre este tema, lo cual no ocurre todos los días. Estuve explicando a los clientes el significado de uno de ellos, en el que se representaba a los membrillos frente a un fondo con un fuerte contraste de luz y sombra, comenzando uno de los membrillos a acusar el paso del tiempo. Era realmente un cuadro simbólico sobre la vida, que me llevó a hablar en aquel momento sobre mis orígenes en Puente-Genil, y de cómo esta fruta está tan asociada a este pueblo. Justamente a los dos días recibí una invitación de uno de mis amigos de la infancia, para una cena conmemorativa del 25 aniversario de antiguos alumnos del colegio, algo aún más inusual. En ese momento seguro que Puente-Genil y yo estuvimos de nuevo en la misma sintonía en el Universo.

- ¿Qué aficiones te apasionan?

Son muchas mis inquietudes, pero sobre todo me apasiona el yoga, tanto hatha como kundalini. LLevo más de cuatro años practicándolo, y cuando por alguna causa lo abandono durante algún tiempo, no me encuentro en equilibrio y he de volver a estirar mis músculos como un gato. Es una forma increíble de aumentar el nivel de conciencia sobre nuestro propio cuerpo. Me di cuenta de que el mayor placer de la existencia es simplemente respirar. En mi opinión deberían de poner en los colegios la meditación y el yoga como asignatura, al menos optativa, ya que es una inversión de por vida tanto para la salud física como mental.
También me gusta cocinar y probar siempre platos nuevos, tanto de la cocina española como de otros países. La última receta que hice fue una sopa tailandesa de gambas con leche de coco.

- ¿Cuál es tu rincón preferido de Puente-Genil?
Sin duda el Romeral, porque era normalmente el punto de encuentro con mis amigos que vivían en la parte baja del pueblo. Además allí se encontraban lugares tan entrañables como la droguería donde compré mi primer caballete, como ya dije antes, o la pastelería de Antonio.
El Romeral fue testigo, al igual que yo, de la transición política, y ha sido objeto de innumerables remodelaciones; siempre lo conocí en cambio, como la vida misma.

- ¿Qué proyectos tienes en mente?

Por una parte tengo siempre como proyecto el desarrollarme y profundizar más en mi arte, pero por otro lado estoy también enfrascado en mi propia empresa, a través de la cual organizo exposiciones de otros artistas, y quiero que sea también un espacio amplio donde tengan cabida otras manifestaciones artísticas, como son el diseño y el video. Espero además impartir más a menudo cursos tanto para niños, como para otros artistas.

- ¿Qué es lo que más echas de menos de tu pueblo? Y por último, ¿te gustaría volver alguna vez a Puente-Genil?

Sobre todo echo de menos la alegría de Puente-Genil, el colorido de su Semana Santa y el ímpetu y entusiasmo de sus gentes.
Puente-Genil siempre estará presente en mí, por supuesto, pero actualmente soy feliz viviendo en Amsterdam, en donde hice mi vida y en donde aún quiero llevar a cabo muchos proyectos. Lo que sí me gustaría es volver por Puente-Genil más a menudo, a seguir buscando otros rincones de mi infancia, a inspirarme, y a festejar el "presente".

      
  Olivo de Gloria, 2005. - Tinta sobre papel.                      Campo de olivos, 2004. - Óleo sobre lienzo.

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